jueves, 1 de marzo de 2012

Elecciones 2006: ¿una elección de Estado?

Por Sergio Martínez

“¡Elección de Estado, elección de Estado!”, era la sentencia de los partidos de oposición en la época del PRI hegemónico tras una elección intermedia o presidencial.
“¡Elección de Estado, elección de Estado!”, gritaban los ciudadanos que se veían nuevamente engañados por el “partido único” que controlaba los aún escasos medios institucionales que podían garantizar unas elecciones libres y equitativas.

“¡Elección de Estado, elección de Estado!”, exclamó Vicente Fox en 1995 cuando el PRI le arrebató el triunfo en las elecciones por la gubernatura de Guanajuato. Marchas y plantones fueron la tónica de la protesta foxista que condujo a una más de las concertacesiones de Carlos Salinas de Gortari con el PAN: el entonces mandatario negoció designar al panista Carlos Medina Plascencia como gobernador a cambio de mantener la estabilidad política.

Hoy, 2006, la consigna bien podría recobrar su vigor sino fuera porque ahora, el Estado, resulta ser una pieza más –aunque la más importante- en una amplia red de complicidades que  conducen a una parecida situación electoral: comicios manipulados por las instituciones del gobierno y los poderes fácticos (medios de comunicación, sindicatos, etc.) en beneficio del candidato del PRI.

El Estado corporativo creado por este partido hace más de 70 años, y desmantelado en parte durante 30 años de políticas neoliberales, fue suplantado por una oligarquía que ahora reúne a las élites del poder económico y político en torno de la defensa de un modelo específico de distribución de la riqueza.

Corrupción, clientelismo, censura, control sindical, son algunos de los instrumentos de coacción fraguados por el PRI que ahora se encuentran al servicio de una alianza cupular.   

¿Las recientes elecciones presidenciales fueron una elección de Estado? Sí, en cuanto que el Estado, garante de los derechos electorales, fue omiso del sin número de irregularidades que se presentaron antes, durante y después de las elecciones del pasado 1 de julio.

Y sí, porque los poderes fácticos que intervinieron en las elecciones a favor de uno de los candidatos lo hicieron al amparo de ese Estado. El PRI, aún sin encontrarse en el poder del Ejecutivo, actuó como un Estado paralelo a través del enorme despliegue de recursos privados, públicos y de procedencia desconocida para el control informativo y la coacción del voto.

¡Y qué pertinente sería gritarlo en estos días!: “¡Elección de estado, elección de Estado!”.

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