lunes, 4 de marzo de 2013

Seis razones para no creer en el elbazo


Redacción

Pasado el júbilo inmediato a la detención de Elba Esther Gordillo; rebasada la dulce sensación de que la justicia al fin alcanzaba a una de las “intocables” de este país; y tras superar la creencia sublime de que la educación –ahora sí- arrancará sobre la pista de la modernidad, la depresión se reinstala por el hecho de que la inteligente maniobra del PRI (no hay que quitarle el mérito de haberlo hecho con gran timing) resulta más una triste alteración de forma que de fondo.
 
 
Algunas conclusiones sobre el llamado “Elbazo” ayudan a desmontar el acto de ilusionismo que realizan el gobierno y la mayoría de los medios de comunicación en torno al caso de “La Maestra”.

1.- El grupo elbista sigue intacto. Juan Díaz de la Torre, el nuevo presidente del Consejo General senetista, era uno de los líderes incondicionales de Elba Esther hasta el miércoles 27 de febrero. Junto a él sobrevive el círculo de jefes sindicales cercanos a “La Maestra” y el equipo de operadores electorales del SNTE tan codiciado por candidatos y partidos.

2.- Al asumir el Estado la rectoría de la educación a través de la más reciente reforma sobre la materia, y al tener Peña Nieto un lugar “especial” en la Comisión Política del PRI, el partido en el poder se halla en la envidiable situación de retomar el control del sindicato más grande de América Latina, con sus más de 1 millón 200 mil agremiados que funcionan cual ejército de votantes en cada elección presidencial.

3.- De marcada factura salinista, la aprehensión de Elba Esther despeja las dudas sobre la presencia del todavía “innombrable” en el primer grupo de Peña Nieto. Si en la estrategia para la captura de la poderosa líder sindical no faltó el consejo calculado de Salinas de Gortari, estamos ante un ajuste de cuentas que pone en “tablas” la relación de la dirigencia magisterial con el viejo sistema político. “Salinas la puso, él mismo la quita”.       

4.- Expuesto como un acto de justicia, la defenestración de Elba Esther, además de ser una acción claramente política, es también una medida de contenido económico tendiente a comenzar la privatización de la educación básica y media. Grupos empresariales en México y organismos financieros mundiales han demandado por años el ajuste del sistema educativo a las exigencias de los nuevos esquemas internacionales de producción.

5.- La aprehensión resulta una vacilada de mal gusto cuando se advierte que los victimarios de “La Maestra” -Peña Nieto y su gabinete- son los mismos que triangularon recursos públicos y de procedencia desconocida para la campaña del PRI. Maniobras ilegales de financiamiento que el IFE aprobó con un histórico cinismo.  

6.- “Vendido” el golpe a una audiencia de millones como un paso significativo en la modernización de México, el “elbazo” implica en verdad un retroceso con tintes ominosos.

Es la vuelta del PRI autoritario que sacrifica a uno de sus productos más originales para lograr la anuencia de la población y de los otros poderes que pudieran desafiar al presidente. (Aunque la amenaza de Peña Nieto a esos poderes fácticos sea sólo un alarde).

Con ello, el país seguirá dependiendo de la “buena” voluntad del Ejecutivo para castigar los excesos legendarios de nuestros gobernantes y jefes políticos, en lugar de que el sistema de justicia, independiente, actúe conforme a la ley en estos casos. La separación de poderes -una de las grandes demandas de los movimientos democráticos en contra del PRI- vuelve a ser una necia aspiración.

El “elbazo” sintetiza el regreso del autoritarismo que reparte y quita, ése mismo que -dicen sus defensores- es el mejor ejemplo de un gobierno justo y equitativo en nuestro país.

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