La figura de Hugo Chávez en
México sobresalió el día en que llamó “cachorro del imperio” al presidente Vicente
Fox en la Cumbre de las Américas de 2005. Caro pagaría la izquierda mexicana la
sentencia satírica del mandatario venezolano.
En vista de su fanatizado anticomunismo,
Fox habrá entendido la simpática burla como una puñalada trapera, un
ataque a su imagen de “presidente democrático”, la afrenta de un socialista
demagógico que de paso ofende al “imperio”, Estados Unidos, la patria de la
Coca-Cola, donde el ex presidente aprendió lo poco que sabe de política.
Pero el desquite contra Chávez
sería imposible. Obrador, entonces, ocuparía el lugar del chivo expiatorio que
Vicente pedía para el exorcismo de sus demonios chavistas. La identificación
del “Peje” con el presidente sudamericano engendró el fantasma que Televisa y
Fox necesitaban para mortificar a sus pasivas audiencias.
Obrador nunca supo contrarrestar
la campaña de odio y siguió con su postura antimediática sin reparar en que así
daba más leña a sus enemigos. (Demasiado tarde, el tabasqueño aprendió
la lección en 2012, teniendo una estrategia de medios y un manejo de imagen).
La paranoia foxista se
contagió, sobre todo en los segmentos más conservadores del país. En uno de los
spots difamatorios se usaron algunas imágenes del intento de golpe de estado en
contra de Chávez en 2002 para sugerir que la violencia estallaría en México al
votar por la izquierda.
Ignorante y poco creativo, Fox
deliraba viendo a un presidente Obrador que estatizaba todas las grandes empresas,
decretaba el regreso de la educación socialista y declaraba el Estado ateo
para espanto del pueblo mexicano.
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