lunes, 8 de abril de 2013

El hilo tenso de Veracruz

Redacción.-

La reciente demanda del PAN en contra de la dupla Duarte-Herrera por la triangulación de recursos públicos a través de asociaciones civiles con el fin de hacerlos llegar a las campañas electorales del PRI en Veracruz ha dado el último tirón que pudiere romper el delgado hilo de la relación entre el gobierno del estado y el Ejecutivo federal.

 
Hace unas semanas el presidente Peña Nieto ya se vio orillado a hacer de tripas corazón en el caso de los videos donde se observa a varios funcionarios del estado planeando la compra del voto.

El escándalo cobró sus víctimas: Salvador Manzur, amigo del gobernador, fue removido de la secretaría de Finanzas, y Ranulfo Márquez, priista de viejo cuño, experto en operación electoral, fue retirado de la representación de la Sedesol en el estado por Rosario Robles.

Pero ni la jefa de Desarrollo Social del país ni Javier Duarte fueron investigados por las autoridades, o, por lo menos, reprendidos por el Ejecutivo federal, aun cuando la difusión de las reuniones ilegales manchó las buenas intenciones del PRI contenidas en el Pacto por México, cuyos remiendos posteriores beneficiaron a la oposición. (Recuérdese también el “aguanta Rosario” de Peña Nieto en clara señal de respaldo).

Esta vez, la denuncia del PAN incluye al exgobernador Fidel Herrera, acusado de orquestar una red de financiamiento para el fondeo ilegal de las campañas. En Veracruz, el tricolor nunca ha perdido una gubernatura en más de 70 años, gracias -en buena medida- a esa estructura de compra de votos largamente arraigada y a los altísimos niveles de corrupción.    

Aparte de la improbable acción legal en contra de Duarte y Herrera, el escándalo tiene ya serios efectos en la estrategia del PRI.

La operación electoral se realiza con el mayor sigilo y las peores mañas debido a la beligerancia de la oposición y al juicio de la opinión pública local y nacional, a la vez que se implementa con la mayor celeridad posible, debido a la presión de los altos mandos del tricolor estatal y del mismo gobernador, a quienes urge la recuperación de –al menos- la mitad de los municipios para estar en condiciones de competir con ventaja en 2016, a solo dos años de los comicios presidenciales.

El resultado de las elecciones de este 7 de julio reflejará hasta qué punto la maquinaria priista superó el escollo para tornarse en la aspiradora de votos que es, amén del control de los organismos electorales y otras instancias de poder; o si sucumbió a las grillas y la desorganización internas en medio de las prisas y la falta de liderazgo.

El hilo puede romperse, y el PRI de Veracruz quedarse a la deriva, salir debilitado en las elecciones y enfrentar las de los próximos 3 años bajo el fantasma de perder la gubernatura por primera vez, ante una ciudadanía ahora más activa, o, si no, más crítica (el efecto de las redes sociales).

Un ejemplo de esta nueva conciencia civil en el estado fue la participación de una gran parte de la sociedad veracruzana en las actividades realizadas por el movimiento YoSoy132 y otras agrupaciones sociales durante las elecciones de 2012.

Algunas marchas convocadas por la organización juvenil fueron multitudinarias en varias regiones del estado, especialmente en la capital de Xalapa, una de las ciudades de la República que reportó una amplia mayoría de votantes a favor de López Obrador en la contienda de ese año.

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